Vayan a laburar. (decilo de nuevo, pero mirándome a los ojos)
“Vayan a laburar.” Qué frase cómoda. Qué fácil es repetirla desde un escritorio, desde un set de TV, desde una cuenta de X. Qué simple es señalar al de abajo cuando el país entero está perdiendo su capacidad de producir. La orden suena fuerte, suena moral, suena a sentido común. Pero en la Argentina actual, es casi un insulto. Bajá al barrio, papá. Caminá un poco. Mirá las persianas bajas, los galpones vacíos, los carteles de “se alquila” que ya ni se molestan en sacar el polvo.
En apenas dos años, Argentina perdió 276.000 empleos formales y 19.164 empresas, de acuerdo con el CEPA. La destrucción diaria supera los 400 puestos de trabajo. Cuatrocientos, «Por día». Pero claro, la culpa es de “la gente que no quiere laburar”.
La industria, ese músculo que alguna vez sostuvo movilidad social, hoy está en estado crítico. Entre noviembre de 2023 y agosto de 2024, más de 2.300 empresas industriales cerraron, redujeron turnos o aplicaron despidos masivos. Solo ese sector perdió 38.532 empleos. Si se suman construcción y minería, el número trepa a 126.050 puestos destruidos. ¿Y la respuesta pública? “Vayan a laburar.”
Mientras tanto, gigantes como HSBC, Xerox, Clorox, Prudential, Nutrien o Procter & Gamble directamente se fueron del país. No es que achicaron: se fueron. Y con ellos se fueron miles de empleos, cadenas de proveedores, saberes técnicos, producción real. Pero la narrativa insiste: “el problema es del laburante”.
La escena es grotesca. Se cierran fábricas, se paralizan plantas, se suspenden turnos, se despide personal, se retiran multinacionales… y la solución que se ofrece es un eslogan vacío. La calle lo sabe. Lo ve. Lo sufre. El que antes tenía changas ahora tiene silencio. El que tenía fábrica ahora tiene deudas. El que tenía taller ahora tiene un candado oxidado. Y aun así, aparece el iluminado de siempre a decir “vayan a laburar”, como si uno pudiera inventar un empleo con ganas y buena vibra.
La ironía del título no es literaria: es estructural. “Vayan a laburar” en un país donde el trabajo se evapora es una forma de violencia simbólica. Es responsabilizar al individuo por un derrumbe que es sistémico. Es culpar al que busca empleo en un mercado que se achica todos los días.
Perdón por la pregunta: ¿trabajar dónde? ¿En qué fábrica? ¿En qué empresa que ya no existe? ¿En qué país? porque éste País se está achicando, como las medias baratas de mi tío Eugenio. Es una burla. Una falta de respeto. Una forma elegante de no hacerse cargo. En Argentina no falta gente con ganas de laburar. Falta laburo. Falta industria. Falta proyecto. Falta futuro. Hasta que eso no vuelva, la frase “vayan a laburar” no es un consejo: es una provocación. La verdad es incómoda, pero necesaria: en Argentina no falta voluntad de trabajar. Lo que falta es trabajo. Lo que falta es industria. Lo que falta es un proyecto productivo, como la base de una sociedad digna.
Y hasta que eso no suceda, soy yo (adrián corracini) quien les va a dar un consejo a uds. y con el mismo tenor de exclamación: váyanse a la ATUP ERDAM que los ÓIRAP!!!