Necesitamos del otro para ver el todo!!! Porque nuestro cerebro es social; necesitamos aprender a vivir con los demás, a sentirnos iguales y a la vez diferentes.
Diferentes, y a su vez iguales.
Esa idea pone en el centro algo fundamental de nuestra humanidad: somos seres interconectados, y nuestra capacidad de crecer, aprender y comprender depende, en gran medida, de nuestra relación con los demás, la sociedad nos forma o deforma.
La naturaleza social del cerebro humano está respaldada por la neurociencia, y se ha demostrado que nuestro cerebro está diseñado para la interacción, la empatía y la cooperación. Desde pequeños, aprendemos observando a otros, compartiendo ideas y participando en nuestras comunidades. Este equilibrio entre sentirnos iguales (como parte de un colectivo) y a la vez diferentes (valorando nuestras individualidades) es lo que enriquece nuestra experiencia humana.
Este pensamiento también nos invita a idear cómo podemos fomentar comunidades más inclusivas y solidarias, donde se respeten las diferencias pero también se reconozca el poder de la colaboración.